Siempre detesté los artículos que empiezan por ’según la RAE’, pero en una ocasión en la que lo que se va a intentar abordar es la discusión de la definición de un término, qué menos que empezar por ahí, ¿no?
El arte según la RAE es “la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. No creo que la Real Academia de la Lengua sea la autoridad única e incontestable que decida lo que es arte y lo que no, pero su trabajo ciertamente no es trivial, y mucho menos la elección de las palabras con las que acota un término.
“Una visión personal y desinteresada”, dice que es lo que contiene el arte. Francamente, hay mucho que decir al respecto de esos dos adjetivos. Evidentemente lo más interesante de una definición es lo que la desborda. Y no sólo es lo más interesante, sino lo más abundante: es más importante lo que se queda fuera que lo que abarca.
Una de las disciplinas que se le escapa por todos los lados es la publicidad, una manifestación de la actividad económica mediante la cual se expresa una visión vicaria e interesada que interpreta un producto o servicio con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.
La crítica artística impone unas bases del concurso que excluyen a la publicidad. Y sin embargo, a veces la publicidad es más arte que el arte, más música que la música, más cine que el cine.
Este anuncio no podría competir en un festival cinematográfico codo con codo con los cortometrajes. Pero, ¿qué lo hace peor que un corto?
¿Quién dijo que no se puede hacer humor con la filosofía? Probablemente no lo haya dicho nadie, pero sirve como introducción al tema de hoy.
El otro día echaron en La 2 “Amanece, que no es poco”, una de las películas más absurdas y más graciosas que en el mundo han sido. José Luis Cuerda retrata la vida en un pueblo de La Mancha desde los puntos de vista de muchos de sus habitantes, y coincidiendo con acontecimientos muy relevantes en su momento, como son la vuelta del alcalde, la llegada de unos turistas americanos o la invasión del pueblo por parte de los vecinos del pueblo de al lado.
Todos los habitantes del pueblo son increíblemente cultos, especialmente en el ámbito de las Letras. La historia de Cuerda se parece en eso a las novelas humorísticas de Eduardo Mendoza, donde todos sus personajes hablan con una cierta pedantería que, al tratarse de gente de clase media-baja (o, incluso, extraterrestres, como en “Sin noticias de Gürb”), confiere a todo lo que dicen esa dosis de surrealismo que resulta tan cómica.
Esa mítica exclamación final “Alcalde! Todos somos contingentes, pero tú eres necesario!” se queda en la memoria de todo aquél que ve la película, aunque sea por primera vez. Y es probable que gran parte de la gracia proceda de que nadie tiene tan claro como el personaje qué significa exactamente esa frase tan erudita. Hasta ahora…
A más de un millón de telespectadores nuestro libre albedrío nos vino pintiparado para reunirnos a su alrededor formando el Cuerpo Místico del surrealismo cinematográfico. Pero era un surrealismo de letras: Faulkner, Dostoiewski, o Santo Tomás de Aquino aplicando su tercera vía a un alcalde de pueblo: “¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!”.
se encuentra uno con el nexo entre el Munícipe por antonomasia y el filósofo cristiano. Entre otras muchas cosas, Santo Tomás quiso demostrar la existencia de un ser superior, Dios en su caso, por medio de la lógica filosófica. Para ello utilizó las llamadas “cinco vías”, cinco razonamientos distintos que acaban todos en “por lo tanto, Dios existe”. Quizá alguna neurona dormida desde los 17 años haya despertado de su habitual letargo al leer esto. Pues bien, la tercera vía, como apuntaba Antonio Rico, es la “Vía por la contingencia”, y dice así:
La experiencia nos muestra que las cosas pueden existir o no existir (son contingentes), pues pueden ser producidas o destruidas.
Es imposible que las cosas sometidas a la posibilidad de no existir existan siempre.
Por lo tanto, hubo un tiempo en que nada existió.
Si ahora existen cosas tiene que ocurrir que exista un ser necesario, pero este ser necesario no puede tener su existencia a partir de otro ser puesto que en tal caso no sería propiamente necesario.
Tiene que existir un ser que sea absolutamente necesario cuya causa de su existencia y necesidad no esté en otro sino en él mismo y que sea causa de la existencia de los demás, y éste es Dios.
Así pues, se demuestra que el Señor Alcalde es el único ser necesario en el pueblo. Los demás semos contingentes.
Y, por si no os acaba de quedar del todo claro, aquí lo que dice Wikipedia sobre la contingencia: en el ámbito de la filosofía y la lógica, contingencia es el estado de aquellos hechos que desde un punto de vista lógico no son ni verdaderos ni falsos. La contingencia es lo opuesto a necesidad: un acto o hecho contingente es lo que podría no haber ocurrido o tenido lugar, un acto o hecho que no es necesario (no podría no haber ocurrido). La contingencia se diferencia de la posibilidad, desde un punto de vista formal, en que la posibilidad incluye afirmaciones o proposiciones que son necesariamente verdaderas como también algunas no necesariamente falsas, mientras que no se puede decir que una proposición es contingente si es necesariamente verdadera.
Tengo un primo. Como mucha gente. Pero este es árbitro, y empieza a disminuir el conjunto, y además de baloncesto, con lo cual hay pocos. Como todo el mundo sabe, el baloncesto es más inteligente que el fútbol, y por ello, cuando los aspirantes a colegiado como mi primo recibían su formación, les dieron, entre otros muchos consejos, este, que siempre guardo en la cartera.
“Si veis que un partido se calienta, y parece que va a haber violencia, utilizad un refrán”
¿Ein?
Erica Cantona
Sí. Un refrán. Cualquiera. El primero que os venga a la cabeza. Reducirá inmediatamente -y temporalmente- la tensión, mientras el interlocutor se detiene a pensar qué es lo que has querido decir. Aquí os dejo un puñado de armas de distracción masiva, cortesía de la deliciosamente obsoleta página de Terra:
A barriga llena, corazón contento
El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo
El hombre donde nace, el buey donde pace
Hazte cordero y te comerán los lobos
Machacando y más machacando se hace el gazpacho
Un día menos, una arruga más
¿Y la foto a qué leches viene?
Aquí tenéis el motivo de la chorrada. Palabra de Eric Cantona, que ha rodado una película con Ken Loach en la que hace de sí mismo, pero que no trata de su vida.
“Las gaviotas siguen al barco porque saben que acabarán cayendo sardinas al mar”.
Lo dijo durante un multitudinario encuentro con periodistas tras haber sido suspendido por pegar una patada de kung-fu a un energúmeno de extrema derecha que le increpó desde la grada del campo del Cristal Palace. Cantona llegó a la sala de prensa, soltó la sardina, se levantó y se fue, provocando el estupor entre la plana mayor de la prensa deportiva y sensacionalista británica.
He aquí, una cita para el recuerdo. Una intepretación para los festivales.
Flaherty renace hoy. Nace para el mundo con todo el vigor del que ha sido capaz de hacer acopio después de un titubeante inicio. La infancia, cuando uno es un blog, se llama beta.
Después de una operación de ética y estética, se presenta de nuevo el blog de Flaherty con un textito breve para declarar intenciones: dejad los prejuicios en la puerta. estamos fabricando un detector de veredictos que expulsará a los que vengan dispuestos a emitir sus prejuicios.
Bienvenidos a este blog, que se dice literario, al que le gusta la escritura, y en el que con suerte se hablarán de bórgeses, handkes, ámises, pahmuks, faulkners o joyces, pero donde también hay sitio para spielbergs y anuncios de Volvo; para letras de cantantes que no le tienen miedo a la ducha, para anacolutos de la abuela, y bocadillos de cómic (desde Watchmen hasta Rompetechos). Nos gustan las palabras, y creemos que se les debería conceder el derecho a defenderse solas.