Todos somos contingentes
¿Quién dijo que no se puede hacer humor con la filosofía? Probablemente no lo haya dicho nadie, pero sirve como introducción al tema de hoy.
El otro día echaron en La 2 “Amanece, que no es poco”, una de las películas más absurdas y más graciosas que en el mundo han sido. José Luis Cuerda retrata la vida en un pueblo de La Mancha desde los puntos de vista de muchos de sus habitantes, y coincidiendo con acontecimientos muy relevantes en su momento, como son la vuelta del alcalde, la llegada de unos turistas americanos o la invasión del pueblo por parte de los vecinos del pueblo de al lado.
Todos los habitantes del pueblo son increíblemente cultos, especialmente en el ámbito de las Letras. La historia de Cuerda se parece en eso a las novelas humorísticas de Eduardo Mendoza, donde todos sus personajes hablan con una cierta pedantería que, al tratarse de gente de clase media-baja (o, incluso, extraterrestres, como en “Sin noticias de Gürb”), confiere a todo lo que dicen esa dosis de surrealismo que resulta tan cómica.
Esa mítica exclamación final “Alcalde! Todos somos contingentes, pero tú eres necesario!” se queda en la memoria de todo aquél que ve la película, aunque sea por primera vez. Y es probable que gran parte de la gracia proceda de que nadie tiene tan claro como el personaje qué significa exactamente esa frase tan erudita. Hasta ahora…
Leyendo a Antonio Rico
A más de un millón de telespectadores nuestro libre albedrío nos vino pintiparado para reunirnos a su alrededor formando el Cuerpo Místico del surrealismo cinematográfico. Pero era un surrealismo de letras: Faulkner, Dostoiewski, o Santo Tomás de Aquino aplicando su tercera vía a un alcalde de pueblo: “¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!”.
se encuentra uno con el nexo entre el Munícipe por antonomasia y el filósofo cristiano. Entre otras muchas cosas, Santo Tomás quiso demostrar la existencia de un ser superior, Dios en su caso, por medio de la lógica filosófica. Para ello utilizó las llamadas “cinco vías”, cinco razonamientos distintos que acaban todos en “por lo tanto, Dios existe”. Quizá alguna neurona dormida desde los 17 años haya despertado de su habitual letargo al leer esto. Pues bien, la tercera vía, como apuntaba Antonio Rico, es la “Vía por la contingencia”, y dice así:
La experiencia nos muestra que las cosas pueden existir o no existir (son contingentes), pues pueden ser producidas o destruidas.
Es imposible que las cosas sometidas a la posibilidad de no existir existan siempre.
Por lo tanto, hubo un tiempo en que nada existió.
Si ahora existen cosas tiene que ocurrir que exista un ser necesario, pero este ser necesario no puede tener su existencia a partir de otro ser puesto que en tal caso no sería propiamente necesario.
Tiene que existir un ser que sea absolutamente necesario cuya causa de su existencia y necesidad no esté en otro sino en él mismo y que sea causa de la existencia de los demás, y éste es Dios.
Así pues, se demuestra que el Señor Alcalde es el único ser necesario en el pueblo. Los demás semos contingentes.
Y, por si no os acaba de quedar del todo claro, aquí lo que dice Wikipedia sobre la contingencia: en el ámbito de la filosofía y la lógica, contingencia es el estado de aquellos hechos que desde un punto de vista lógico no son ni verdaderos ni falsos. La contingencia es lo opuesto a necesidad: un acto o hecho contingente es lo que podría no haber ocurrido o tenido lugar, un acto o hecho que no es necesario (no podría no haber ocurrido). La contingencia se diferencia de la posibilidad, desde un punto de vista formal, en que la posibilidad incluye afirmaciones o proposiciones que son necesariamente verdaderas como también algunas no necesariamente falsas, mientras que no se puede decir que una proposición es contingente si es necesariamente verdadera.
Esclarecedor. Casi.
El próximo día, Dostoievsky.



