Bases del concurso
Siempre detesté los artículos que empiezan por ’según la RAE’, pero en una ocasión en la que lo que se va a intentar abordar es la discusión de la definición de un término, qué menos que empezar por ahí, ¿no?
El arte según la RAE es “la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. No creo que la Real Academia de la Lengua sea la autoridad única e incontestable que decida lo que es arte y lo que no, pero su trabajo ciertamente no es trivial, y mucho menos la elección de las palabras con las que acota un término.
“Una visión personal y desinteresada”, dice que es lo que contiene el arte. Francamente, hay mucho que decir al respecto de esos dos adjetivos. Evidentemente lo más interesante de una definición es lo que la desborda. Y no sólo es lo más interesante, sino lo más abundante: es más importante lo que se queda fuera que lo que abarca.
Una de las disciplinas que se le escapa por todos los lados es la publicidad, una manifestación de la actividad económica mediante la cual se expresa una visión vicaria e interesada que interpreta un producto o servicio con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.
La crítica artística impone unas bases del concurso que excluyen a la publicidad. Y sin embargo, a veces la publicidad es más arte que el arte, más música que la música, más cine que el cine.
Este anuncio no podría competir en un festival cinematográfico codo con codo con los cortometrajes. Pero, ¿qué lo hace peor que un corto?










