¿Me lo dices o me lo cuentas?
El mar literario online es todavía escaso y poco profundo. En él desembocan dos docenas de ríos, un par de meadas ocasionales y algunas lágrimas (son los dolores del parto) entre las cuales se cuenta su amigo Flaherty.
Uno de los ríos más importantes corre a cargo de Iván Thays y su Moleskine literario, marca registrada, que informa, desde Lima, de toda la actualidad literaria que es capaz de abarcar.
En un post reciente, Demasiado realismo, se hacía eco de un artículo publicado en el suplemento de El Mundo, El Cultural, al hilo de la impenitente lluvia de relatos autobiográficos que cae en Colombia. De la cita de la cita (Piedad Bonett hablando a través de Iván Thays), me quedo con esto :
Predominan entonces los relatos planos, en los que se nota la falta de decantación de la experiencia, meros vertederos de hechos en sucesión cuyo dramatismo sólo nace, cuando se alcanza, de la cruda realidad que encierran y no de otra cosa.
…una prolongada nota de violonchelo estimula el misterio final. ‘Otra cosa’. ¿Cuál es esa otra cosa? ¿Qué es lo que confiere dramatismo a una sucesión de hechos dramáticos? La respuesta es la escritura. ¿Me lo dices o me lo cuentas?
Descubramos otro río. Joven y poco caudaloso, pero navegable desde ya. Cuenta Tomás Blanco en sus Cuadernos de Creación Literaria
Veamos: puedo escribir algo triste o alegre sin dramatizarlo. Puedo escribir, por ejemplo, que ayer dejé la tarta en una silla para poner la mesa, puse la mesa, me olvidé de la tarta y me senté encima. O puedo decir que mi hermana tiene cáncer de útero, y es probable que algún lector se ponga triste o le de la risa, pero no será por lo que yo haya dicho ni por cómo lo haya dicho sino porque le recordará una escena similar de su propia experiencia, porque sufre un exceso de empatía y se identifica con el personaje (la peor forma de leer) o porque no es precisamente una lumbrera y se ríe o se entristece por cualquier cosa.
Es decir, para generar una emoción en términos objetivos, esto es, transportada por el objeto (en nuestro ejemplo, la novela, el relato…) tiene que haber una representación artística.
Ya sabemos cuál es esa cosa que confiere drama (sentido) a un texto. O mejor dicho, sabemos bien cuál no es. Cómo se consigue…eso es otro cuento.










