Flaherty

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Escenas de matrimonio (II)

Junio22

Capítulo dos de las escenas de sexo en literatura, porno duro de Henry Miller, para estómagos con cáscara.

«…¿Te has tirado alguna vez a una mujer que se hubiera afeitado el chocho? Es repulsivo, ¿verdad…? Y también divertido. Cosa de locos. Ya no parece un chocho: es como una almeja o algo así.» Me describe cómo, picado por la curiosidad, se levantó de la cama y fue a buscar una linterna.

«Le hice mantenerlo abierto y le enfoqué la linterna…Tendrías que haberme visto…era cómico. Estaba tan entusiasmado, que me olvidé de ella completamente. Nunca en mi vida he mirado un coño tan en serio. Daba la impresión de que nunca había visto uno. Y cuanto más lo miraba, menos interesante me parecía. Eso demuestra que no tiene nada de particular, especialmente cuando está afeitado. Lo que lo vuelve misterioso es el pelo. Por eso te deja frío una estatua. Sólo una vez vi un coño real en una estatua: era de Rodin. Tienes que ir a verlo alguna vez…, la mujer tiene las piernas bien abiertas…, no creo que tuviera cabeza. Podría decirse que era un coño y nada más. ¡La hostia! tenía un aspecto horrible. El caso es que todos se parecen.

Cuando las miras vestidas, te imaginas toda clase de cosas: les confieres una individualidad, que desde luego no tienen. Lo que hay es una raja ahí, entre las piernas, y te excitas con ella… la mitad de las veces ni la miras. Sabes que está ahí y en lo único que piensas es en meterle la baqueta dentro; es como si tu pene pensara por ti.¡Es una ilusión! Te consumes por nada… por una raja con pelo, o sin pelo. Es tan insignificante que me fascinó mirarlo. Debí estudiarlo durante diez minutos o más. Cuando lo miras de ese modo, como con distanciamiento, se te ocurren ideas extrañas. Todo ese misterio sobre el sexo y luego descubres que no es nada: un vacío.¿No sería gracioso descubrir una armónica dentro…o una calendario? Pero no hay nada dentro…,nada de nada. Es repugnante. Casi me volví loco…Oye, ¿sabes lo que hice después? Le eché un polvo rápido y después le volví la espalda.Sí, señor; cogí un libro y me puse a leer. De un libro puedes sacar algo, hasta de un libro malo…,pero un coño, es pura y simplemente una pérdida de tiempo…”

Henry Miller
Trópico de Cáncer (1934)

Escenas de matrimonio (I)

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Bases del concurso

Junio15

Siempre detesté los artículos que empiezan por ’según la RAE’, pero en una ocasión en la que lo que se va a intentar abordar es la discusión de la definición de un término, qué menos que empezar por ahí, ¿no?

El arte según la RAE es “la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”. No creo que la Real Academia de la Lengua sea la autoridad única e incontestable que decida lo que es arte y lo que no, pero su trabajo ciertamente no es trivial, y mucho menos la elección de las palabras con las que acota un término.

“Una visión personal y desinteresada”, dice que es lo que contiene el arte. Francamente, hay mucho que decir al respecto de esos dos adjetivos. Evidentemente lo más interesante de una definición es lo que la desborda. Y no sólo es lo más interesante, sino lo más abundante: es más importante lo que se queda fuera que lo que abarca.

Una de las disciplinas que se le escapa por todos los lados es la publicidad, una manifestación de la actividad económica mediante la cual se expresa una visión vicaria e interesada que interpreta un producto o servicio con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

La crítica artística impone unas bases del concurso que excluyen a la publicidad. Y sin embargo, a veces la publicidad es más arte que el arte, más música que la música, más cine que el cine.

Este anuncio no podría competir en un festival cinematográfico codo con codo con los cortometrajes. Pero, ¿qué lo hace peor que un corto?

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La diecisietitud

Junio8

sillaTraduzco y transcribo un párrafo de un texto de Richard Rorty, filósofo estadounidense fallecido en 2007, que defendía muchas ideas, bajo muchas etiquetas.

Una de ellas, la contenida en este fragmento de A world without substances or essences del libro Philosophy and moral hope , es la del antiesencialismo. Brevemente, y para que no se nos vaya de las manos la explicación, Rorty defiende que no existen las esencias: que no hay tal cosa como el caballo ideal, el azul perfecto o la definición de la envidia. Que la filosofía ha perdido un tiempo valiosísimo intentando encontrar La Verdad cuando lo que realmente existen son distintas verdades en función de distintos fines.

“Lo interesante de los números, desde mi punto de vista, es simplemente que es muy difícil pensar que contienen una naturaleza intrínseca, como si hubiera un centro esencial rodeado por la penumbra de las relaciones accidentales. Los números son un ejemplo admirable de algo que es difícil describir en términos esencialistas.

Para entender esto, preguntemos cuál es la esencia del número 17, qué es el 17 en sí, aparte de sus relaciones con otros números. Lo que se busca en una descripción que sea cualitativamente distinta a las siguientes: menor que 22, mayor que 8, la suma de 6 y 11, la raíz cuadrada de 289, el cuadrado de 4,123105, la diferencia entre 1.678.922 y 1.678.905. Lo agotador de estas descripciones es que ninguna de ellas parece acercarse más al número 17 que las demás. Igualmente agotador resulta el hecho de que hay obviamente infinitas otras maneras de describir el 17, ninguna de las cuales te aportará todo sobre el 17, ninguna de las cuales será otra cosa que ‘accidental’ y ‘extrínseca’. Ninguna de estas descripciones parece dar una pista de la diecisietitud del 17, esa característica única que hace que un número sea el que es. La elección de una de esas descripciones depende evidentemente de la meta que tienes en mente, de la situación particular que te llevó a pensar en el número 17 en un principio”

Sustituyamos el número 17 por cualquier realidad u objeto para ver que la fórmula de Rorty es aplicable fuera de las matemáticas. ¿Cómo definiríamos una silla?

  • Por su forma: un objeto con una o varias patas que sostienen un asiento. Respaldo opcional.
  • Por su meta: un objeto que sirve para que una persona se siente.
  • Por su origen: asiento que aparece por primera vez en los bajorrelieves del antiguo Egipto (igual el ejemplo de la silla para las definiciones a través de su origen suena un poco tonto, pero aplicado a otros ejemplos, un reloj, una palabra, tiene más sentido).
  • Por lo que la diferencia de los objetos más parecidos: asiento SIN brazos, con espacio para una sola persona…

Ninguna de estas definiciones, o las posibles descripciones a las que pueda dar lugar cumple su supuesta meta de de ser exhaustiva y suficiente. Cada una de ellas es la respuesta a una pregunta específica, de la misma manera que 17 puede ser la suma de dos números o su raíz cuadrada.

¿Sencillo? Cambiemos ’silla’ por ‘amor’.

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Escenas de matrimonio

Mayo2

Sexo en Dublinesca, de Vila-Matas:

“Le muestra el escote. Le hace una pregunta aparentemente trivial o, como mínimo, fuera de lugar.

- ¿Por qué no dejas de ir algún miércoles a casa de tus padres? ¿Sientes que les debes algo?

- Sí. El deber filial. Es un sentimiento perfectamente natural en la especie humana.

Ella le alborota el pelo

- No te enfades, le dice.

Se acerca aún más y le acaricia.

Se aman. El culo de Celia sobre un cojín rojo. Piernas abiertas. Revuelo de ropas en la cama. Liam Clancy, que sigue cantando. Y, con tanto estrépito, el repetidor digital estrellándose con gran violencia contra el suelo.”

Devolvemos la conexión con la intención de animarnos a que esto se convierta en una serie de posts. Una serie de escenas subidas de tono: tono erótico y tono literario, ojo.

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Una nueva manera de leer, una nueva manera de contar

Diciembre18

Una nueva manera de leer (Vía @libreros)

Una nueva manera de contar (vía Alejandro Gándara, blog de El Escorpión)

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